sábado, 3 de junio de 2017

Reflexiones de un profesor


La educación es un proceso delicado, vulnerable, que hay que macerar a fuego lento, un largo camino no exento de decepciones, dudas y desánimo... hasta que, un día que no esperas, eclosiona y se produce el "milagro de la educación". Ese día, te das cuenta, de repente, de que la gente que te rodea ha aprendido herramientas que le ayudarán a ser mejores personas y tú también te ves arrastrado por la ola de cambio.
Todos los años sucede. Hace un mes, en una tutoría colectiva, sucedió con uno de mis grupos y HOY ha sucedido con el otro. Yo no creo en la educación sin emoción y, del mismo modo que puede haber días que "sientes" que algo no ha funcionado, hay días en que tienes la inmensa satisfacción de "sentir" que mereció la pena esperar.
El milagro de la educación es el que te hace recordar que eres una persona afortunada por ser profesor. Tengo la suerte de encontrarme a diario con 60 jóvenes que te "exigen" ayudarles a mejorar, que te insuflan el amor a la vida y la energía para seguir luchando. Estas personas no merecen tu desaliento y me arrepiento espontaneamente de todos los días que no he estado a su altura. Al principio de curso aprendimos de Angel Gabilondo que debemos amar a nuestros alumnos,... pero no amarlos colectivamente, sino uno por uno... ¡¡¡Pero como no los voy amar!!! ...¡si me aportan gran parte de mi identidad! Soy la persona que soy gracias a ellos/as. Y digo, cargada de intención, la palabra "persona".
Ahora que se acerca el final de curso sólo puedo darles las gracias por hacer que se produzca ese milagro también en mi, el "milagro de la educación"

No hay comentarios:

Publicar un comentario